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viernes, 4 de septiembre de 2009

Sexo o muerte

Leo esta noticia: un dromedario mata a mordiscos a su dueño por no dejarlo aparearse, y no puedo dejar de acordarme de aquella canción de Def con Dos que hablaba del "Pánico a una muerte ridícula"




Electrocutarse al cambiar una bombilla. Suicidarse sin mirar la Primitiva. Ahogarse en la piscina de un barco. Desnucarse en la bañera fornicando. Castigo divino a la zoofilia/ pasión que aplasta una roca asesina. Todos se ríen porque adivinan qué hacía el difunto con una gallina. Onanismo casero desbocado en la cocina del lord diputado. Bolsa de plástico en la cabeza y en el muslo las ligas de la asistenta. Carne festiva en la casa de fieras. Nubes negras que anuncian tormenta. Miras al cielo muy estirado y te cae en a tí el único rayo.

Pánico. Pánico a una muerte ridícula.

La novia morada se convulsiona en el banquete del día de su boda. En su garganta un gran langostino/la asfixia produce sonoros gemidos. Cornisas que sepultan a toda una familia cuando entran a ver una película de risa. Peatones inocentes que son el objetivo de desesperados que se lanzan al vacío. Divertidas fiestas de moros y cristianos/lanzas, espadas y lluvia de petardos. La pólvora no siempre explota donde debe/disfrazados de paje hay muchos que mueren. Electrocutarse al cambiar una bombilla. Suicidarse sin mirar la Primitiva. Ahogarse en la piscina de un barco. Desnucarse en la bañera fornicando.

Pánico. Pánico a una muerte ridícula.

Palmarla a lo tonto es degradante: se ríe hasta el Juez que levanta el cadáver. Muecas y bromas en el velatorio y luego un entierro bochornoso. Nacer, crecer y reproducirse para luego al morir ser motivo de chiste. Si ves la sombra de la guadaña arréglate un poco y pon buena cara. Electrocutarse al cambiar una bombilla. Suicidarse sin mirar la Primitiva. Ahogarse en la piscina de un barco. Desnucarse en la bañera fornicando.

Pánico. Pánico a una muerte ridícula.

Por cierto, y siguiendo con el triste suceso: "No es la primera vez que se notifican casos de agresiones similares, pero sí ha sorprendido en la zona la violencia con la que se ensañó el animal, sobre el que uno de los ulemas (doctores del Islam) de la región ha aconsejado que sea degollado sin que su carne sea consumida posteriormente." ¿Sería el dromedario víctima de algún satánico influjo?

viernes, 9 de mayo de 2008

Si aparece la policía ... ¡huya!

Quizá conozcan el caso de Frank Serpico, aquel policía neoyorquino que tuvo el valor de denunciar a sus compañeros y poner al descubierto las alcantarillas de su departamento; el director Sidney Lumet llevó la historia al cine en 1973, dando vida al agente Al Pacino.


Lo ocurrido con la policía municipal de Coslada me hace recordar aquella película, en donde la honradez de un hombre casi le cuesta la salud y la vida. Ahora algunos pensarán que el sistema no ha fallado dada la detención de la trama mafiosa.


Otros se pueden preguntar cómo, a pesar de las varias denuncias por brutalidad policial (28 en nueve años) y demás antecedentes, el jefe Ginés Jiménez Buendía seguía ejerciendo.
Cómo un grupo de al menos veinticinco policías campó a sus anchas sembrando el terror -no hay delito del Código Penal que no cometieran- impunemente durante tanto tiempo en una zona determinada.

El poeta Juvenal ya se preguntó en su tiempo: Sed, quis custodiet ipsos custodes? Pero, ¿quién vigilará a los guardianes?

Pues eso.

martes, 18 de septiembre de 2007

Asesinos perseverantes.

Al volver a ver hace unos días la película Halloween (1978) de John Carpenter, constaté algo que es consustancial a este subgénero de asesinos en serie: La incompetencia de las fuerzas de seguridad en general, que llega a ser cómica por exagerada.
En el caso que nos ocupa un peligroso psicópata, Michael Myers (que siendo un niño asesinó a su hermana, al novio de ésta y a su padrastro), se fuga de el psiquiátrico donde estaba recluido justo en el momento en que iba a ser trasladado para la revisión de su caso.
Testigo horrorizado de la huida del monstruo es el doctor que trató el caso del joven Myers. Este hombre está convencido de que su paciente es la pura encarnación del mal y de que volverá a matar, sin ningún género de dudas, una vez vuelva a la calle.
Da la casualidad de que el asesino se escapa la noche anterior al día de Halloween, día/noche en que años atrás tuvo lugar el luctuoso hecho.
Se alerta con premura a las autoridades de que Michael regresará a su pequeña localidad natal y de que lo hará para sembrar el terror. Hasta aquí todo bien. ¿Usará alguien la información precisa del doctor?
Una vez en el pueblo origen de toda la historia, el galeno se hace acompañar al cementerio, donde comprueba que la lápida perteneciente a la hermana del asesino, ésa y ninguna otra, ha sido robada.
Primera prueba de la presencia del homicida en la zona y confirmación de las tesis del psiquiatra.
Hay un pequeño detalle que no se nos debe escapar, el malo de la peli huyó de su cautiverio en el coche del doctor y circula por el pueblo como Pedro por su casa después del aviso dado a la policía. Debemos sumar a lo anterior su presencia en las calles con una careta blanca a plena luz del día.
Si en vez de un asesino se tratara de un toro de ochocientos kilos, ¿lo habría encontrado el sheriff?, mucho me temo que no.
Dejando a un lado este arquetípico ejemplo de cine de terror, en la vida real, que supera en atrocidades a la ficción, los seres más sanguinarios disfrutan durante largos años de sus crímenes sin levantar sospechas entre sus vecinos. Lo que ya no sé es si debido a negligentes investigaciones o a que se trata de individuos especialmente escurridizos y expertos en ocultar sus fechorías. Tenemos muy reciente el caso de Alexander Pichushkin, que acaba de ser detenido acusado por la justicia rusa de 49 asesinatos y que lleva matando desde 1992, cuando tenía 18 añitos, década y media de sin ser descubierto . Este sujeto asegura orgulloso haber eliminado a 13 personas más de las que se le imputan, también ha dicho que no tenía intención de parar en su macabra actividad. Reconoce la influencia, nobleza obliga, de Andrei Chikatilo, el "carnicero de Rostov", cuyo trabajo de matarife duró desde el año 1978 hasta su detención en 1990, con 53 muertos a sus espaldas.
En fin, Homo homini lupus o El asesinato considerado como una de las Bellas Artes.