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viernes, 25 de marzo de 2011

La hora del planeta.

Leo en ABC que “mañana es la hora del planeta, y que WWF espera que a las 20.30 horas se apague la luz en todo el mundo durante 60 minutos para dar un respiro a la Tierra.”

Este tipo de iniciativas, o similares cadenas que inundan los correos electrónicos son, como mínimo, ridículas, y no porque tengan poco seguimiento, sino que desde su misma raíz están equivocadas. Son fruto del caletre de malthusianos y amigos del apocalipsis, que nos llevan dando el tostón ya ni se sabe los años.

Siempre he pensado que si hiciéramos caso de la prédica ecologista estaríamos abocados a un final tan trágico como el del pobre protagonista de Wicker Man, víctima de una pagana secta que rinde culto a la madre tierra. La misma Madre Tierra que se cepilla miles de vidas por un golpe de mar o hace temblar sus entrañas para engullir a hombrecillos cada cierto tiempo.

La única opción consecuente con sus mismas teorías (véase si no la filosofía del primitivista John Zerzan) es animar a la gente al suicidio en masa, a la manera de Soylent Green y predicando con el ejemplo, claro está. Imaginen una tierra sin la horrible presencia del ser humano, donde las fierecillas y la vegetación todo lo invadan. He aquí, por fin, el paraíso ecologista, la vuelta a los orígenes. O sea, a la nada.

Ya que según el eminente científico Hugo Chávez el capitalismo destruyó la vida en Marte, abandonemos de una vez, dejemos respirar a la Tierra.

Pueblos del mundo, extinguíos.






Notas.

-La viñeta sobre la eco-tortura es de Cox y Forkum. Vista en 30 more great environment cartoons.


-Crítica de la película Wicker Man.

-Sobre la filosofía primitivista de John Zerzan, ver el artículo de Gustavo Bueno La nostalgia de la barbarie, como antiglobalización.

domingo, 13 de marzo de 2011

20 películas libertarias. 2- Cuando el destino nos alcance...(1973).

THE YEAR: 2022

THE PLACE: NEW YORK CITY

THE POPULATION: 40,000,000


El director Richard Fleischer presentó en 1973 una distopía basada en el libro de Harry Harrison ‘Make Room! Make Room!’. En la ciudad de Nueva York, allá por el año 2022, hay una preocupante superpoblación así como una terrible escasez de alimentos. La gente vive hacinada en una urbe caótica donde se decretan continuos toques de queda.

Muy pocos pueden acceder a la comida, siendo la empresa Soylent Corporation, en connivencia con las autoridades, la que distribuye unas tabletas sintéticas a las turbas ansiosas por obtener su ración.

En la ciudad devastada trabaja como policía el detective Thorn (Charlton Heston), ayudado en sus investigaciones por el anciano profesor Sol Roth (Edward G. Robinson). El detective Thorn es avisado de que un hombre, William R. Simonson (Joseph Cotten), ha aparecido muerto en su casa. La vivienda forma parte de unos apartamentos de la zona rica de la ciudad, zona que se encuentra amurallada para evitar posibles asaltos.

Al principio se cree que el móvil del crimen es el robo. Al parecer, un morador de la zona pobre se aprovechó de un fallo en el sistema de alarma para irrumpir y desvalijar la casa. Sin embargo, a nuestro detective no le parece convincente dicha teoría y encarga al viejo Sol que investigue sobre el acaudalado inquilino, el tal Simonson.

En la casa del muerto se encuentran dos gruesos tomos relacionados con la corporación Soylent que Thorn decide llevarse consigo. Las primeras sospechas apuntan a que el guardaespaldas del finado es realmente quien está detrás de lo sucedido.

Las pesquisas de Thorn y Sol Roth les conducirán a averiguar, será Sol Roth el primero en hacerlo, un terrible secreto. Tanto es así que éste no podrá soportarlo, decidiendo poner punto final a su vida y comunicar, in extremis, lo descubierto a su camarada Thorn.

La historia de “Cuando el destino nos alcance…” puede ser vista con júbilo por malthusianos encantados de contemplar –aunque sea en la ficción- sus profecías cumplidas; estoy también seguro de que los ecologistas la disfrutarán por parecidas razones y se relamerán con el retrato de ese planeta desolado por los hombres, que han envenenado el agua y la tierra. De esta película se pueden hacer, por tanto, varias y contradictorias lecturas...

En lo tocante al mensaje libertario, aquí lo que se aprecia es un gobierno omnipotente que raciona los “alimentos” fabricados por una gran corporación, tan entrelazada con el propio gobierno que es indistinguible de éste. O sea, un caso de ‘… combinación de gran gobierno y gran empresa, (que es) el caldo de cultivo adecuado para la tiranía’; y una ocultación sistemática de información vital. Cristian Campos, por su parte, la ve así: "La seguridad social y el estado del bienestar, llevados a su corolario lógico: la eutanasia masiva de viejos e incapaces, a cargo del presupuesto del estado".

El futuro que nos ofrece esta película es el de ciudadanos que han perdido ya todo rastro de humanidad, de gente a la que hasta la ‘cicuta’ le es administrada por el gobierno. Hombres que, en la mayoría de los casos no han llegado a saber cómo era un río, el mar o un bonito paisaje; salvo aquellos que, por avanzada edad, sí pudieron conocer el mundo como nosotros y lloran, desconsolados, viendo esas postales/imágenes de otra época (mientras escuchan a Tchaikovsky, Beethoven o Edvard Grieg) y saben que ya todo está definitivamente perdido.

Los últimos minutos del film, demoledores – con esa despedida tan triste de Sol Roth y la desesperación de un malherido Heston intentando que se difunda la terrible información que le acaban de revelar-, forman parte de esos finales abiertos e inolvidables con una frase que ha dejado huella en la historia del cine, al igual que sucediera con “El planeta de los simios” y Heston gritando, lleno de rabia y dolor, a una semidestruida estatua de la Libertad; o los desgarrados lamentos de advertencia del doctor Miles Bennell en medio de una carretera atestada de tráfico en “La invasión de los ladrones de cuerpos”.



Notas:


-El director, Richard Fleischer, tiene una filmografía digna se ser reivindicada, con algunas películas tan recomendables como...

"20.000 leguas de viaje submarino" (1954); "Los vikingos" (1958); "El estrangulador de Boston" (1968) o "Mr. Majestyk" (1974).

-Ver 20 películas de derechas en orden de excelencia. Las listas de Cristian Campos.

-La viñeta de Cox and Forkum, vista en Capitalism Magazine.

-‘… combinación de gran gobierno y gran empresa, (que es) el caldo de cultivo adecuado para la tiranía’. Ver "Facción anarquista en el Partido de la libertad individual". También LP Radical Caucus 1979.

-El soundtrack de “Cuando el destino nos alcance…” incluye:

"Symphony No. 6 in B Minor, Op.74: 'Pathetique': I. Adagio - Allegro non Troppo"

Pyotr Ilyich Tchaikovsky

"Symphony No. 6 in F Major, Op.68: 'Pastoral': I. Allegro ma non Troppo"

Ludwig van Beethoven

"Peer Gynt Suite No.1, Op.46: I. 'Morning'"

Edvard Grieg

"Peer Gynt Suite No.1, Op.46: II. 'Aase Death'"

Edvard Grieg

-Charlton Heston trabajó en otra producción de terror/ciencia-ficción de similares características: “El último hombre vivo” (The Omega Man), basada en la obra del sin par Richard Matheson “I Am Legend”: Un único superviviente en Los Ángeles, tras una epidemia que ha transformado a todos los seres humanos en vampiros, lucha día y noche por conservar la vida. Más adelante volveré sobre ella.

-Esta fue la última película protagonizada por Edward G. Robinson, un actor colosal. Compruébenlo viendo “Perversidad” de Fritz Lang.

-Son varias las referencias y homenajes a esta película en el mundo de la cultura. Matt Groening la recordaba en episodios de Futurama y Los Simpsons.

martes, 8 de julio de 2008

THE END

No es que esté obsesionado, pero si ya el otro día les hablaba sobre las propuestas aprobadas por el Congreso en relación a los simios, hoy me desayuno una noticia aún más alarmante. Al parecer, y según el diario The Times, Irán estaría comprando monos en África para sus "laboratorios secretos".
Los iraníes dicen que son para elaborar vacunas, pero se sospecha que "los primates son usados para probar tanto la efectividad de armas (biológicas) como para desarrollar defensas contra las mismas".
Miedo da pensar en los siniestros proyectos de Ahmadineyad y los científicos unidos a la causa del islamismo.
Señoras/es: aprovechen estos días y disfruten, no vaya a ser que nos encontremos, parafraseando el título de la película de Mankiewicz, de repente, el último verano. Porque, aunque pueda parecer exagerado, esto es el fin.

P.D. Ahora sí debería correr la gente y vaciar los supermercados para abastecerse largo tiempo, y no por una simple huelga de transportistas.
También vuelvo a recordar las sabias advertencias de José Antonio Martínez Abarca, o sea: Los monos no hablan porque traman algo.

jueves, 26 de junio de 2008

Gran Simio

Piensen en cuál es el principal asunto que quita el sueño a la mayor parte de la población: ¿puede ser el paro, tal vez la imposibilidad de pagar la hipoteca o quizá el aumento de la delincuencia? Bien, como todos habrán ya imaginado, el origen de toda zozobra lo provoca, sin ser los casos anteriores poca cosa, la ausencia de derechos de los simios. Sí, han leído bien; nuestra gloriosa clase política ha tenido en cuenta, una vez más, los desvelos de los ciudadanos y las enérgicas protestas de millones de personas y ha obrado en consecuencia:
El Congreso ha aprobado un texto que considera a los simios "iguales" a los hombres. A partir de ahora, supongo, se creará un gabinete dedicado a entrar por la fuerza en zoológicos y circos para librar a los animales de sus jaulas y darles cobijo en viviendas de protección oficial. Lo que no tengo claro es si la vigilancia de los primates y posterior represión de sus carceleros correrá a cargo del flamante nuevo ministerio de Bibiana Aído.
A mi la medida me resulta inquietante; aún recuerdo con impacto la película de anticipación El planeta de los simios (Franklin J. Schaffner, 1968), o cómo en un futuro el destino de la Tierra es regido por los monos.
Esta iniciativa, quién sabe si no supondrá allanar el camino a la aparición de un émulo del Dr. Zaius, que sometería a los humanos a humillaciones y torturas sin fin.

Como decían en una sección de la revista "La Codorniz": Tiemblen, después de haber reído.
Actualización: Lo mejor que he leído hasta ahora sobre este asunto en Crónicas Murcianas, por José Antonio Martínez-Abarca.